
Este año ha obligado a los colegios a flexibilizar casi todo: horarios, medios de comunicación, formas de entregar material. La evaluación no es la excepción. Pero flexibilizar no es lo mismo que improvisar: un instrumento puede adaptarse al contexto remoto y seguir siendo riguroso.
El rigor de una evaluación no está en su extensión ni en su formalidad, sino en su alineación: que cada pregunta apunte a un objetivo de aprendizaje claro, que las habilidades evaluadas correspondan a lo trabajado y que los resultados se puedan interpretar. Una prueba breve, bien alineada con la priorización curricular, es más rigurosa que una prueba extensa armada a la rápida.
Algunas adaptaciones razonables para este periodo: reducir el número de preguntas manteniendo la cobertura de objetivos esenciales, ofrecer más tiempo, y aplicar en el formato que cada estudiante pueda responder.
Cuando el instrumento está bien construido, el análisis posterior es el que revela su valor. DigiTest genera ese análisis automáticamente, por objetivo, habilidad y eje temático: conozca las características.
